Los milagros del más allá

Cuando vienen los seres queridos

Solía pensar que mi difunto esposo era mi “ángel”,

y que siempre estaría conmigo para protegerme. Ahora, yo

sé que mi esposo mi ángel de la guarda trabajan en equipo.

 

IRIS CALOGERO, LECTORA DE SUDELL, LUISIANA

 

En el funeral de su marido, Mary, por impulso, tomó un clavel rosado de un arreglo floral y lo colocó sobre el ataúd. Semanas más tarde, mientras caminaba con pesar por una calle cubierta de nieve, una ola de dolor se apoderó de ella.

-Oh, Tom -murmuró–, ¡si tan sólo pudiera saber que te encuentras en los brazos de Dios!

De repente, Mary se detuvo. Allí, sobre la vereda escarchada, delante de ella, había un clavel rosado.

 

 

 

Jim, siguiendo el sueño de toda su vida, había comenzado a producir un periódico mensual. Mientras imprimía la primera tirada, pensó en su padre, que había muerto hacía ya varios años. Sintió deseos de poder conversar con su padre sobre los planes futuros.

Entonces, por el rabillo del ojo, Jim sintió una presencia. Un hombre vestido con una camisa leñadora de tela escocesa, del tipo de las que le gustaban a su padre, parecía estar parado junto a él. En lugar de sentir miedo, Jim se sentía sereno. Cuando se volvió hacia la figura, esta desapareció.

Durante los meses siguientes, el hombre de la camisa escocesa apareció muy de vez en cuando, siempre fuera de la visión de Jim, en las noches en que este imprimía el periódico. Una noche, después de haber aumentado la circulación y cuando Jim se sentía más confiado, comenzó con la impresión. Se dio cuenta de que estaba solo. Jim comprendió. Su deseo había sido que su padre estuviera a su lado al comienzo de la aventura y Dios había contestado a su plegaria.

  

Mientras regresaba a su casa en medio de una nevisca, Harry* se sorprendió al ver sobre el parabrisas el rostro de su abuela, que había muerto hacía muchos años. El rostro parecía tener vida, tal cual él la recordaba. En yiddish, el idioma que ambos tenían en común, ella le dijo,

-Ve adonde te envío.

Harry tuvo miedo de estar perdiendo la razón. Sin embargo, obediente, apretó el acelerador y condujo a ciegas, incapaz de ver más que unos pocos metros adelante. La visión sobre el parabrisas se desvaneció.

El automóvil parecía girar en las esquinas y conducirse solo, pero al final se detuvo, delante de la casa donde la madre y hermana de Harry vivían. Incrédulo, tocó el timbre. Cuando su madre abrió la puerta, rompió a llorar.

-¡Gracias a Dios que viniste! -le dijo entre sollozos-. Tu hermana está inconsciente y el teléfono no funciona por la tormenta.

Harry llevó a su hermana al hospital, donde los médicos diagnosticaron que tenía diabetes y había caído en coma. Su vida se salvó porque el amor de una abuela había de alguna forma conectado la distancia y el tiempo.

¿Son estas experiencias de ángeles? Mucha gente escribió que un ser querido le parecía tan cercano después de la muerte que “se ha transformado en mi ángel de la guarda”. ¿Se transforman las personas en ángeles después de la muerte?

No existe nada en las escrituras ni en la tradición que apoye la idea de que los seres humanos se transformen en ángeles, a pesar del argumento de una popular película y novela. Jesús se refirió a aquellos que han entrado en el reino de los cielos “como ángeles” (Lucas 20:36), no siendo ángeles en realidad, sino hijos de la resurrección. Tampoco es que los ángeles alguna vez hayan sido humanos, aunque en ocasiones tomen su aspecto. En cambio, los ángeles y los seres humanos son creaciones paralelas; cada uno es único, con sus propias características. Aunque los dos por cierto interactúan, no se transforman uno en el otro.

¿Significa esto que las visiones o los contactos con los seres queridos que han muerto no son más que ilusiones o pensamientos de deseo? Para nada. En la tradición católica, esas cosas suceden todo el tiempo, a través de los que oficialmente se reconocen como santos. Para los católicos, un santo es similar a lo que sería una tía o tío afectuoso, un miembro mayor y el más sabio de la familia que puede aconsejar e interceder en ciertos asuntos. Algunos santos se conocen por causas específicas y la lista es siempre creciente, debido al proceso de canonización.

Sin embargo, los católicos y la mayoría de los otros cristianos creen que todos los que están en el cielo están santificados. De esta forma, si los seres queridos oraron por nosotros cuando estuvieron en la tierra, ¿no resulta lógico que continúen su vigilancia e intercesión desde el paraíso? ¿Y no sentimos en ocasiones su presencia?

Es probable que dichas conexiones ocurran más a menudo que lo que nos damos cuenta. En 1973, el Centro Nacional de Investigaciones de Opinión dependiente de la Universidad de Chicago hizo la pregunta, “¿Alguna vez sintió que estaba en contacto con alguien que murió?” Un sorprendente 27% de los encuestados respondió en forma afirmativa. Cuando las viudas y viudos se agregan a la muestra, la proporción alcanza el 51 %. La encuesta se repitió en 1984, con resultados aún mayores, que incluían el 38% de adolescentes que informaban sobre tales acontecimientos. “Aquellos que creen en la vida después de la muerte, que rezan con frecuencia y que consideran a Dios más un padre que ama a sus hijos que un juez” tienen mayor probabilidad de tener tales encuentros, dice el padre Andrew Greeley en un artículo basado en estos datos.

  

Además, mucho más de cinco millones de norteamericanos que declaran haber tenido experiencias cercanas a la muerte informan que ven a parientes y amigos difuntos, así como también aquel glorioso Ser de Luz. Después de todo, aunque creamos que el paraíso es un lugar que está “arriba”, tal vez en realidad está tan cerca como el latido del corazón. “El reino de Dios ya está entre vosotros”, dijo Jesús (Lucas 17 :21). ¿Por qué aquellos que ya entraron al reino de los cielos no están tan cerca de nosotros como Ello está?

Debemos, sin embargo, recordar que existe un límite claro entre un contacto espontáneo e inesperado con alguien del cielo (tal como sucede en la Transfiguración) y los intentos que se hacen de “convocar espíritus” con sesiones espiritistas, tablas de Ouija, brujerías u otras prácticas de magia negra. “La Biblia advierte seriamente respecto de tener contactos con los muertos a través de un médium”, dice H. C. Moolengurgh, médico holandés y autor de Encuentros con los ángeles.

“Los milagros tienen un propósito divino”, agrega el padre Robert DeGrandis, escritor y maestro. “La búsqueda del poder separado de Dios puede llevar a la persona a tener un conocimiento oculto que resulta peligroso.”

Dios conoce lo profundo de nuestros dolores y soledad, cuánto deseamos tener la tranquilidad de que nuestros seres queridos están a su cuidado. En tanto permanezcamos abiertos a Su voluntad y tiempos, El puede enviarnos consuelo justo cuando más lo necesitamos, de aquellos que viven del otro lado del velo, en la Luz Eterna.

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